El uso de derivados financieros “sigue siendo bajo”, según un estudio

Pese a los avances que se han realizado desde la crisis de 2002, la economía uruguaya aún sigue —en buena parte— dolarizada. Esto genera una “patología” —al decir de los técnicos del Banco Central (BCU), José Antonio y Gerardo Licandro— que es la “fragilidad financiera” y que hace referencia “al riesgo de caer en insolvencia ante una devaluación real de magnitud de un deudor en moneda extranjera, riesgo al que no están expuestos los agentes domésticos cuando el ahorro y el crédito son en moneda nacional”.

Ahora, ¿las empresas uruguayas intentan cubrirse de ese riesgo? ¿Utilizan un “seguro cambiario” (mecanismos de cobertura de tipo de cambio como la compra de dólares a futuro, fijando el precio hoy)?

El trabajo “Derivados y estrategias de cobertura de tipo de cambio en empresas uruguayas” del funcionario del BCU, Miguel Mello —aunque aclaró que no necesariamente representa a esa institución—, es uno de los presentados en las XXXII Jornadas Anuales de Economía del Banco Central que comienzan mañana.

“El uso de derivados financieros para la gestión del riesgo financiero a nivel de empresas en Uruguay sigue siendo bajo”, afirmó Mello.

“Las compañías buscan estrategias alternativas para cubrir sus riesgos, tales como tener niveles más altos de liquidez para cumplir con sus obligaciones financieras y operativas; o la facturación en dólares, incluso al mercado interno (ver aparte), a fin de generar los recursos financieros para cubrir sus pasivos (es decir su deuda) en moneda extranjera”, explicó.

Para llegar a estas conclusiones, Mello se basó en dos encuestas: sobre usos de derivados financieros y otra sobre facturación y estabilidad financiera.

De acuerdo a ello, “el tamaño de la empresa y el desajuste monetario de los flujos de fondos aumenta la probabilidad de utilizar derivados para cobertura (del riesgo de un salto abrupto del dólar). Por otro lado, los altos ratios de liquidez y la facturación en dólares en el mercado interno se utilizan como estrategias de cobertura natural, sustituyendo el uso de derivados”.

En cambio, “para el conjunto de empresas que no usan derivados, el interés en eventualmente contratar tales instrumentos parece estar asociado con la existencia de deuda a corto plazo y una menor participación de liquidez en los activos, probablemente relacionada con el hecho de que mantener la liquidez es costoso para estas empresas. De nuevo, parece que las empresas que tienen una mayor proporción de ventas nominadas en dólares tienen menos probabilidades de usar derivados”, sostuvo.

De 454 empresas encuestadas, 231 firmas responden que saben sobre derivados, esto es el 73% de la muestra. De esas 231 firmas que conocen sobre derivados, 61 declaran usarlos; (18% del total de las empresas). De las 278 empresas que no usan derivados 69 responden que eventualmente estarían interesados en usarlos en el futuro, aproximadamente el 25%, explicó el estudio.

“Según la encuesta, del 18% de las empresas uruguayas que utilizan derivados, el 13% usa forwards y futuros de tipo de cambio. Esto es resultado del alto grado de dolarización de la economía, que convierte el riesgo cambiario en la preocupación financiera más importante para las empresas uruguayas. Una peculiaridad es que esta preocupación no sólo afecta a las empresas vinculadas al sector transable (aquellas expuestas al dólar), sino también a todo el universo de empresas”, indicó el estudio.

“De las empresas que declaran no usar derivados, la razón principal parece ser la escasa información disponible sobre los instrumentos derivados en Uruguay; esto es el 30% de los que no usan. La dificultad para valorar estos instrumentos es el segundo hecho en importancia para no usarlos, con el 17% de las respuestas de los no usuarios”, detectó el trabajo.

Por otro lado, “los usuarios de derivados son claramente más propensos a tener ingresos y gastos en dólares, tanto en facturación como en insumos”, añadió. De todas maneras, hay que tener en cuenta con los usuarios de derivados, que no se especifica si la empresa “tiene una posición de compra o venta en derivados, entonces no podemos determinar el signo de la cobertura de riesgo”, explicó Mello.

Por su parte, “las empresas que no están interesadas en usar derivados presentan mayor liquidez; esto es consistente con la percepción de que mantener liquidez es una estrategia de cobertura natural. También hay evidencia de que las empresas que no tienen interés en derivados, a pesar de tener desfases de flujos positivos más altos, tienen menos descalces en su balance general y un apalancamiento menor. En general, las características de aquellos que están interesados en usar eventualmente derivados para cobertura son bastante similares a los que realmente los utilizan”, señaló.

“Mantener una alta liquidez y la facturación en moneda extranjera son en realidad estrategias que se determinan endógenamente a la decisión de usar o no derivados financieros”, concluyó Mello.

El 50% de empresas factura en moneda extranjera en Uruguay.
“Desde el comienzo de la crisis de 2002, el BCU ha enfocado sus esfuerzos en el desarrollo del mercado (de moneda local), con iniciativas como la creación de la Unidad Indexada (UI), emisiones en pesos nominales, estiramiento de las curvas de rendimiento de los bonos públicos en pesos y UI, fortaleciendo el mercado interbancario, etc.”, indicó el trabajo de Miguel Mello.

Una de las formas que utilizan las empresas para cubrirse del riesgo cambiario es realizar sus ventas en el mercado local (en parte o totalmente) en dólares.

Otro trabajo —que también será presentado en las XXXII Jornadas Anuales de Economía y que El País ya adelantó en agosto— es “Moneda de facturación de las empresas uruguayas” de Andrea Barón, Gerardo Licandro, Pablo Picardo y el propio Mello.

Allí se encontró que 50% de las empresas que componen la muestra, factura en moneda extranjera en el mercado doméstico, ya sea en forma parcial (44%) o totalmente (6%). “La facturación en el mercado doméstico en una moneda extranjera no es una práctica usual a nivel mundial”, precisa la investigación.

Fuente: El País