Los errores del gobierno en el manejo de los recursos fiscales ha precipitado a Uruguay a un papelón internacional por la tasa consular.

Los errores del gobierno en el manejo de los recursos fiscales ha precipitado a Uruguay a un papelón internacional por la tasa consular, torpeza que amenaza generar costoso impacto por varios lados. Brasil ya ha protestado formalmente, Argentina adelantó objeciones y es virtualmente seguro que la Organización Mundial de Comercio la condene nuevamente en su próximo informe, después de haber pedido antes que se elimine de plano esta medida, vigente desde 2002.

Una nota de la cancillería brasileña reclamó que se deje sin efecto el aumento de ese impuesto a las importaciones de bienes de consumo, del 50% para los países del Mercosur y del 150% para los de fuera del bloque regional. Y el subsecretario de Comercio Exterior de Argentina, Shunko Rojas, anticipó que el aumento de la tasa consular afecta las relaciones comerciales de los miembros del Mercosur.

El incremento está contenido en el copioso articulado del proyecto de Rendición de Cuentas que el Poder Ejecutivo envió al Parlamento para agregar US$ 95 millones a la recaudación prevista. Como sucede con otras propuestas equivocadas en esa revisión presupuestal, corresponde que la Cámara de Diputados, en la que el Frente Amplio ya no tiene mayoría asegurada, rechace este desvío.

Este curso es ineludible para evitar una cadena de perjuicios. Incluyen la flagrante contradicción con las proclamas del gobierno de apertura económica, el riesgo de previsibles represalias de naciones con las que comerciamos y el castigo a la población con aumento de precios de alimentos y otros productos importados, ya que la suba de aranceles los encarecerá al ser trasladado a los consumidores. Incluso esta última probabilidad pone en riesgo la magra recaudación adicional que anticipa el gobierno, ya que caerá el consumo y muchos importadores reducirán sus compras.

Al presidente Tabaré Vázquez le tocará poner la cara para tratar de justificar la medida en la cumbre presidencial del Mercosur este mes en Mendoza. Vázquez anticipó que la reunión se concentraría en la cansina negociación de un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Pero aunque también dominarán la agenda el colapso institucional y la insurrección civil en Venezuela, así como la crisis política en Brasil, la tasa consular se colará en las conversaciones. Mal podrá el presidente justificar su aumento y evitar las protestas de los otros socios contra una medida que viola normas del Mercosur al trabar el intercambio comercial.

Le será difícil explicar que una economía en expansión, con un crecimiento pronosticado de más del 3% del Producto Interno Bruto para este año y el próximo, recurra a una medida arbitraria para tratar de recaudar algunas decenas de millones de dólares. Le sería embarazoso admitir ante sus pares que la razón es un mal manejo de los recursos fiscales desde que el Frente Amplio llegó al poder hace más de una década, cuando primó un descuidado exceso en el gasto público.

El gobierno, de todos modos, está a tiempo de corregir el nuevo desaguisado de la suba de aranceles, ya sea por su propia decisión o porque el Parlamento cumple su obligación de borrarla de la Rendición de Cuentas. Bajo cualquiera de ambos cursos, la solución es recortar asignaciones presupuestales de dudosa o nula justificación, abandonando el intento de generar un pequeño ingreso con una medida que le costará caro al país.

Fuente: El Observador