Para las empresas pequeñas y con poca tecnología aplicada a la gestión, la banca digital significa grandes desafíos.

Para las empresas pequeñas y con poca tecnología aplicada a la gestión, la banca digital significa grandes desafíos.
Tanto las nuevas tecnologías así como los cambios en los hábitos del consumidor impactan en el desarrollo de los negocios, y el sistema financiero no queda ajeno a esta realidad, consigna un informe realizado por la Cámara Nacional de Comercio y Servicios.

Asimismo el crecimiento económico y la profesionalización de las actividades productivas llevan a que las empresas profundicen ¡a utilización del sistema financiero en sus diferentes formas.

Esto es válido en relación tanto con los servicios más tradicionales, como con los más avanzados.

En la actualidad, los usuarios están más informados, son más exigentes, conocen experiencias de otros países y, al mismo tiempo, comierfzan a familiarizarse con la utilización de plataformas multicanales.

Estas circunstancias llevan a que los consumidores demanden cada vez más y mejores servicios desarrollados en el mundo digital.

Sin embargo, este es un camino que debe de recorrerse de forma gradual, sobre todo para el caso de Uruguay, indica la cámara empresarial. En este sentido, se puntualiza que nuestro
país, antes de los cambios normativos, “se encontraba unos cuantos pasos atrás en términos de bancarización, principalmente en las empresas de menor tamaño y de los hogares”.

Bajo este escenario “no quedan dudag de que las nuevas disposiciones y reglamentaciones han sido un estímulo fundamental para la banca digital brindando cada vez más y mejores soluciones”, puntualiza el informe.

Pone como ejemplos de estímulos normativos a la ley de Inclusión Financiera, junto con una importante penetración de internet en el país y transformaciones en términos de infraestructura y equipamientos tecnológicos.

En este marco, los empresarios destacan que, especialmente para las firmas de menor tamaño y con menor grado de incorporación de tecnología en su gestión, “estos cambios significan importantes desafíos”.

Para poder enfrentarlos cabalmente “es necesario capacitarse y adaptarse, ya que de lo contrario pueden llegar a transformarse en una traba para el desarrollo de sus negocios.

En el caso concreto de la Ley de Inclusión Financiera, se ha visto como las diferentes disposiciones han ido modificando sus plazos de puesta en vigencia y por lo tanto obligatoriedad de cumplimiento. Esto, opinan los empresarios, demuestra que aún resta mucho por avanzar, es
decir en tener las condiciones tecnológicas, infraestructura, otras normativas, adecuadas para cumplir efectivamente con lo dispuesto en la normativa.

Al mismo tiempo, el avance digital implica oportunidades y beneficios como mejoras en términos de tiempo, mayor seguridad, mayor facilidad de acceso al sistema financiero y menores costos operativos.

Y para que realmente éstos se trasladen a todas las empresas del país, es importante tomar en cuenta las diferentes realidades, en términos de tamaño, incor-
poración de tecnología, sector productivo y localización geográfica de las empresas.

Los cambios deben llevarse adelante en base a estas diferentes realidades, de forma gradual, estimulando y brindando la mayor información posible a los usuarios y manteniendo un intercambio de información constante entre el sector privado y sector público.

Sólo de esta forma se alcanzará el objetivo de lograr un mayor acceso al sistema financiero por parte de toda la sociedad, indica el informe de la Cámara.

El 27 de junio de 1967 se instaló el primer cajero automático en Londres en una sede del banco Barclays. Pasó medio siglo y hoy el avance tecnológi-co-digital y el constante desarrollo de los nuevos dispositivos móviles
parecen conspirar contra el crecimiento de la red de ATM (Automatic Teller Machine). Sobre todo por el uso y costumbres de las nuevas generaciones, amantes y demandantes de tecnología en todo su hábitat diario.
La historia cuenta que fue un inglés, John Sheperd Ba-rron, quien inventó el prototipo del cajero automático tal como se lo conoce en la actualidad. Pero en realidad hay que reconocerle al inventor Luther George Simjian -nacido en
el Imperio Otomano y conocido como el segundo Thomas Edison-que en 1 939 patentó el prototipo de una máquina que, colocada en la pared de un banco, iba a permitir realizar transacciones financieras. Sin embargo, el proyecto piloto no funcionó por falta de demanda. Tuvieron que pasar casi 30 años para que Sheperd Barran ideara el pionero del ATM. Actualmente, en la mayoría de las economías desarrolladas, el valor de las operaciones
de pago en las llamadas terminales de punto de venta (JPV) supera al de los retiros de efectivo en cajeros.

El dinero electrónico continuará ganando terreno. Mientras tanto, hay que disfrutar del invento de Sheperd Barron.

Fuente: El País